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Extinción

La nada juega con su sombra, y en sus grises intersticios de estaturas pensativas, de silencios y campanas deja el sueño sus raíces.                               Rafael N. Fernández

Carl Sagan

El cosmos fue tu espejo, sus párpados de sombra, su atmósfera de sueño, sus alas de horizonte, de túneles y estrellas, de órbitas   y esferas, de estatuas minerales, de aliento desterrado en el eco de sus hilos, en sus limbos de paloma, en sus átomos de espuma, de crisálida en fractales, en relámpagos y eclipses como espigas de la noche.

Dionisio López Cabral

En relámpagos de sombra te engendraron las esfinges,  como espiga de la orilla, de la esencia y las raíces, de las puertas y las copas, de la luz en los espejos en las líneas como abismo,   en las hojas y el rocío,  en las alas de los versos  y en los vértigos del sueño.                                  Rafael N. Fernández                            

Aletheia

     El círculo es el templo,    la sombra y el candil,    el sueño es el  espejo    y el ojo ante el abismo.                             Rafael N. Fernández    

Big Bang

En los mares de la sombra, se abre el velo de la esencia, sobre el sueño de la nada el abismo como espejo, en su elíptica incipiente de luciérnaga absoluta, de intersticio desatado como puerta ensimismada toca el fuego de las formas, de la luz y las esferas en los vórtices del todo.                              Rafael N. Fernández          

Paraíso

En esta esfera es el sueño y es el parto de los dioses, en las alas de la nada, en la luz y en los espejos, en la elíptica del todo, en su infinito retorno.                      Rafael N. Fernández    

Federico García Lorca

Es tu altura de bandera una espiga de la esencia, de la luz en los espejos, de luciérnaga y camino, de horizonte desatado en los huecos del rocío, en las alas de la sombra, en su pálida corriente, en el eco de las sales y en las páginas del viento, en los versos del abismo, del silencio como aguja, en su atmósfera de estatua, de paloma y cerradura, de horizonte   y golondrina.                                 Rafael N. Fernández